Los de-más… también somos nosotros
Nacemos atravesados por mil códigos genéticos, crecemos rodeados de viejas historias familiares, barriales, nacionales, mundiales, que nos van dejando marcas… afectivas, sociales, políticas, culturales, económicas, educativas.
Vamos entendiendo al otro y a nosotros mismos a partir de sujetarnos y soltarnos varias veces de vínculos acertados, equivocados, saludables o enfermizos, y aprendemos con dolor y del error.
Nos des-cubrimos a partir del amor y a veces también del desamor y aprendemos a invocar a Dios cuando el vacío resulta insoportable.
Y así, vamos buscando refugio en la Iglesia, alimento en la cocina, amparo bajo un techo y conocimiento en la escuela, adonde vamos o nos mandan para aprender algo mas sobre lo que no sabemos…y muchos de nosotros, después, también vamos o nos mandan, al psicólogo para seguir aprendiendo lo que no comprendimos de lo que empezamos a saber.
Pero somos nosotros… siempre… todos nosotros por igual,
los que seguimos siempre aunque nos duela, los que nos levantamos de una caída aunque nos pese, los que sufrimos la impotencia, la injusticia, la maldad, la ingratitud, la inoperancia.
Somos nosotros, siempre… los que nos equivocamos, intentamos, acertamos, deseamos, sufrimos, gozamos, ganamos, perdemos, destruimos a veces y volvemos a construir mil veces, a confiar una vez más, en un sueño que alcanzar, en un propósito que cumplir…
Nosotros… los que aprendemos a enseñar que cuando no se tiene un lugar donde volver, hay que armar un espacio al cual llegar… y que se puede… siempre se puede.
Los que a veces armamos o necesitamos la ayuda de un taller o una persona, aunque a veces otro la pida por nosotros, y la recibamos molestos, o en contra de nuestra propia voluntad.
Somos nosotros…los que sin saber cómo ni cuando, nos descubrimos enlazados a la vida una y otra vez, cantando y trabajando con otros, respirando y creyendo, luchando y construyendo, día a día el mañana que deseamos ver.
Aprendiendo de nuevo. Lo que no se tuvo, lo que no se supo, lo que se aprendió mal.
Somos nosotros siempre… todos nosotros… los que a la larga o a la corta comprendemos que para salir de la “maldición” del destino, es necesario dejar de creer en “soluciones mágicas” y es menester crecer y hacerse cargo de lo propio y – solidariamente – ayudar a otros a que también lo hagan.
Nosotros… los que comprendemos que es necesario tener memoria del pasado, pero imprescindible no quedarse en él porque estaríamos ausentes del aquí y ahora, que es en definitiva nuestra única verdad tangible.
Somos todos nosotros… esos “demás” que nombramos como ajenos, y que no son ni están “de más” sino incluidos en cada uno de los que a su vez también por otros es nombrado…
Porque solo nosotros, sabremos juntos, como “abrir la puerta para ir a labrar”, ese futuro imperfecto pero posible, fundamental y prioritariamente, porque ése y no otro, será el nuestro.
Ana María Fago
Psicóloga
CT Fundación Candil






